jueves, diciembre 18, 2008
Nostalgia en teertS drofxO
Esto tiene que comenzar con Gabi bailando. Por las mañanas, después de que nos ha estado tratando de convencer desde las 6am que, aunque está oscuro le parece indispensable salir a ver televisión y gozar de la oscura mañana, nuestro sueño se ve imposibilitado y tenemos que despertarnos (Adri antes que yo, generalmente) y llevarla de la mano para que vea cómo comienza el canal de niños. La forma como pide todo esto es simplemente diciendo “mamáaaa... hola... curururuuuro, tchn” (es decir: mamá, hola, está oscuro yo sé pero vamos, quiero ver televisión).
Después de uno o dos breves programas de 15 minutos, el hambre no la deja pensar y Gabi comienza a exigir desayuno (no ha aprendido a decir hambre porque desde que es chiquitica, Adri le enseñó a hacer un gesto con la boca para que supiera cómo decir que tenía hambre... entonces no hace nada más sino eso). La sentamos en su sillita y queda a nuestra misma altura de la mesa. Apagamos la televisión (o nos lo pide, porque sabe que es un requisito para poder desayunar o comer), y prendemos la música.
Si es Step 15 (Radiohead), Gabi queda particularmente feliz: hace su protobaile (en parte enseñado por su papá, que siempre se quedó en un protobaile entonces puede enseñar a su hija como si tuviesen la misma edad): sonríe y mueve las manos para arriba y para abajo, después sube y baja los puños y se zarandea un poquito, pero no tanto para desorganizar todo. Es uno de los momentos con los que uno se da cuenta que está vivo. Eso y ver a Adri sonreír. Pasa exactamente lo de la canción: “your smile speaks books to me”. Por eso siempre me parece tan importante hacer sonreír a Adri todos los días . Con Gabi es más difícil a veces... es más seria que yo (eso es posible?)
En verdad, estar aquí con las dos es lo que colorea la vida en Londres. Si no estuvieramos los tres, creo que me habría devuelto hace rato (más le vale, dice Adri cuando lee esto, lo aseguro). Esque Londres...
Miren, yo sé que yo soy super criticón cuando llego a una ciudad. Adri siempre me molesta porque lo único que hice cuando estaba en Bangkok fue criticar la comida, hacerme el enfermo, enfermarme del hambre y adelgazar. Cuando ella fue le pareció lo máximo la comida y no entendía cuál era toda mi joda con las cosas allá. Pero esta vez es verdad! Si nadie me va a creer, tengo que dar ejemplos.
Primero, el famoso pig in a blanket. Sólo pronunciar ese nombre ya me hace tener arcadas y el señor al lado mío en este avión me mira sin entender cómo un computador cuya pantalla solo muestra letras me está haciendo vomitar...el continúa con su lectura de una revista ridícula y yo continúo con mi historia.
El pig in a blanket lo descubrimos (o nos descubrió, o más bien nos atacó) en Greenwich. Nos fuimos para el observatorio y, aunque sabíamos que era lejos y que no íbamos a encontrar nada distinto de relojes y telescopios, nos fuimos para allá sin comida (ni siquiera una snickers ni unos pistachos, nada). Sonó el reloj de mediodía y, cual hombre lobo en plena conversión, Adri y yo acordamos tácitamente que nos dejaríamos de hablar hasta encontrar algo de comer, porque sino cualquier comentario podría convertirnos en presa del otro. Gabi estaba feliz comiéndose cualquier galleta (“teteteeta”) y no tenía síndrome de hombre lobo. Bien por ella.
La pequeña cafetería de Greenwich, además de cara, era ridículamente sencilla. Su menú estaba compuesto por dos platos tipo almuerzo: una sopa y unos pigs in a blanket. Como era de esperarse, Adri quería probar “eso tan raro que hay ahí”...pero lo más grave fue que yo, como nunca lo hago, me dejé convencer y accedí a probar el tal pigs on a blanket.
(me detengo un momento con los ojos llorosos porque no puedo seguir escribiendo con ese recuerdo del platillo en cuestión)
Creíamos que la palabra “sausage” implicaría que íbamos a comer algo conocido por nosotros como “salchicha” o “chorizo”, debajo de ese hojaldrecito con rotos que nos habían entregado. NO. Esto era una especie de carne molida, húmeda y escupida por la señora gorda de la cocina, introducida cuidadosamente dentro de un sleeping bag de hojaldre. Guaca guaca guaca guaca. La mejor manera de imaginarse lo que sentí al probar eso es imaginarse que alguien llega de una caminata por una montaña con tenis y uno le quita la media (tibia aún) y la trata de comer. Exactamente el mismo sentimiento, solo que menos agrio. Eso es a lo que sabe el pig in a blanket. Y eso fue lo que tratamos de almorzar. Sobra decir que el marrano en cobija terminó siendo huésped del basurero del lugar y nuestra visita al meridiano cero quedó truncada por nuestra inevitable necesidad de comer algo.
No es solo eso. Además, el pedazo de carroña suave que acabábamos de probar y desechar nos costó la módica suma de 7 libras a cada uno (en aquellos tiempos de economía estable, 28 mil pesos. Hoy, más bien 25mil). Tuvimos que salir corriendo para un restaurante mexicano que había cuesta abajo para almorzar en verdad.
No obstante lo anterior, yo no he aprendido a cocinar un carajo. Adri es la que ha logrado aprender aquel extraño arte. Bueno, no hay que negar tampoco que en Septiembre, cuando estábamos en el apartamento de Claudia y todo era un caos, almorzar en la casa era también un poco de un reto…lo que yo hacía era imaginarme que estábamos en un campamento o algo así. Pero ahora ya de verdad verdad es un placer. Hasta a veces Adri nos sorprende con unas manzanas con canela cocinadas en el horno y todo, creo que fue una receta que sacó de internet (como todo). Pero para qué, la señora sí que cocina, ala.
“Y Londres qué? Chévere?” La clásica pregunta por skype o facebook. Pues... no es el momento más propicio para dar una opinión. En este invierno (o comienzos de invierno), todos tenemos gripa siempre. Al salir de la casa por la mañana uno se acuerda de los muñequitos animados donde el viento tiene brazos y le pega cachetadas a los transeúntes. Es igualito: salga usted de la casa y recibirá un par de bofetadas de frío que además le dicen “aguante que esto, aunque usted no lo crea, todavía es otoño”.
Yo todavía no entiendo esa estafa de otoño- invierno. Cuando uno era chiquito tenía la idea sencilla de que navidad era invierno y que vacaciones largas eran verano. No es así? Aquí, por lo menos, parece que navidad la corrieron para atrás o el invierno lo corrieron para más tarde. Cómo así que en febrero y marzo va a seguir haciendo frío y que enero y febrero son los peores meses? PEORES? Por favor! Cuándo fue la última vez que yo, oh gran guerrero del frío, salí sin saco de esta casa? Mejor dicho, aquí es perfectamente claro el cuento de hibernar. Si yo pudiera, lo haría. Comería durante un par de semanas hasta reventarme y me acostaría debajo de varias cobijas para despertarme tipo marzo o abril. Aunque he averiguado y parece que es más difícil de lo que uno cree: habría que pagar cosas por adelantado las cuentas, conseguir un médico que haga una excusa médica explicando la pulsión de hibernación que uno posee, etc. Ni modo...
Pero el frío realmente no es lo más problemático. Para mí es la oscuridad. Todavía no logro entender cómo a las 8am uno todavía se siente como si se hubiera despertado temprano para ir al colegio porque toca prender la luz para desayunar, y peor aún que a la hora de las onces se va el sol. Eso no se puede! La noche es por la noche! La tarde es de día! Otro mito que se desvanece cada día más... aunque dicen que el 22 de diciembre es el día que es más oscuro. Veremos.
Aunque no todo es malo. Realmente este correo lo concebí caminando por Oxford Street. No es por dármelas. Es porque estaba caminando para coger un bus porque no me había llevado la bicicleta ese día a una tarea que me tocaba hacer por ahí, y era también el último día de “clase” que tenía este primer semestre. Ahí como que desperté: estoy en Londres, esos buses de dos pisos son los de las películas, etc. Como que dije “carajo, yo ya no vivo en Bogotá, estamos con Adri y Gabi super lejos, y esta tarde no me toca leer nada”. Raro, super raro. Creo que me dio un escalofrío durante un momentico, de esos que uno tiene cuando piensa “seguro que está haciendo lo que toca?” Con la deuda tan monstruosa que adquirí para que viniéramos aquí, sería lo primero que uno pensaría, pero solo lo pensé hasta hace una semana.
Ese sentimiento se me quitó al ratico. Las ciudades siempre tienen un olor propio, como si tuvieran piel que sudara un olor específico, y ese día comencé a oler a Londres. Ví un aviso de neon en la mitad de la calle que decía “emocleW oT teertS drofxO” y me quedé pensando qué podría ser eso… Ah, un momento, esque yo iba en sentido contrario a los carros… “Welcome To Oxford Street”. Sí, es Londres. Darwin, los últimos años de Freud, Newton, el meridiano cero, el incendio, Churchill, todo eso fue aquí. A veces me quedo pensando que no es posible que tantas cosas hayan pasado en un mismo sitio, que no entiendo cómo voy de la universidad a la casa y de pronto hay un aviso que dice “Charles Dickens house Museum”… parece como si uno tuviera dos niveles de realidad en la realidad misma: la realidad que uno conoce, la de Bogotá donde saber que Shakira iba a la misa del Cardenal Sancha era un gran acontecimiento, y la otra realidad, la que es más ordenadita. Esque esa segunda realidad es la de los muñequitos animados (nuevamente): uno veía que los niños de los muñequitos vivían en unas casas todas antiguas y que antes había castillos y reyes y todo eso. En Bogotá lo máximo es el Castillo de Marroquín que al final terminó siendo de un mafioso, eso es lo más histórico que se pueda encontrar (si, yo sé, la candelaria y todo eso, pero eso no es de lo que yo hablo). Es parecido al sentimiento que uno tiene en China, eso de “la cultura milenaria” y todo eso, sino que uno de China no veía tantas cosas cuando era chiquito sino que sabía que comían arroz y tenían ojos rasgados (que eran rasgados, según mi papá, porque les daban mucho arroz y decían “otla vez alooz” jalándose la cara). Pero Londres es donde esas cosas comienzan y terminan…mejor dicho no sé cómo explicarme, es muy raro. De pronto eso es lo que le gusta a la gente, porque por el lado del clima y de la comida estamos más bien mal.
La conclusión inevitable de todo esto es que uno tiene nostalgia. La que todo el mundo tiene cuando se va de su casa es la nostalgia del ajiaquito, la familia, la mamá, etc. A mí me hacen falta las bicicletas, el cuadro del pingüino del comedor y los libros del estudio…sí, mamá, tu también pero esque acuérdate que la familia es lo último que uno pierde y por eso uno nunca cae en cuenta que son lo más importante. De pronto tampoco era tan interesante decir que me hace falta lo mismo que a todo el mundo. Como sea, lo primero que pienso en Bogotá es en mis bicicletas, el cuadro del pingüino y los libros que dejé. Mejor dicho me hace falta todo el apartamento, y a veces el clima de Bogotá (que sí, extrañamente uno lo recuerda con envidia). Eso vale como nostalgia?
(Gracias Luis. Si no me la monta, seguro ni siquiera habría comenzado a escribir esto).
domingo, noviembre 16, 2008
Casi dos meses después - qué ha pasado en Londres
La primera cosa de la que habría que hablar es la universidad (básicamente porque por eso estamos todos aquí). Realmente la universidad no tiene "campus", está totalmente metida dentro de la ciudad y es hasta raro porque uno nunca está realmente "dentro"... desde la universidad se puede caminar a los sitios de shows de baile y esas cosas, y también a la parte super antigua de la ciudad. Es en el puro centro de Londres, literalmente.
Los edificios de la universidad son algunos casas antiguas victorianas que han remodelado por dentro para poner salones y oficinas, y otros son edificios viejitos o más nuevos. La semana pasada inauguraron el último, que fue la Reina Isabel a inaugurar (es igualitica a Mamima sino que pura viejita, yo fui de sapo a verla cuando llegó en su Rolls Royce gigante), y que es super tecnológico y sostenible porque hasta la calefacción se saca de debajo de la tierra... mejor dicho yo no entiendo por qué pero el edificio está hecho "con los más altos estándares ecológicos". Lo único aburridor del sitio es que, como son puros edificios dentro de la ciudad, no hay casi sitios para sentarse a leer (además de la biblioteca y los cafecitos que hay por ahí), pero con este frío no es posible sentarse durante un solo segundo sin congelarse.
La biblioteca de la universidad es un mundo aparte. Es demasiado grande, demasiado llena de libros y de computadores, y tiene salas de estudio con pantallas gigantes, todo es automatizado (los libros se piden con una maquinita con código de barras). La parte con libros de ciudades es demasiado grande, yo no he podido recorrer todo, hay libros sobre cualquier tema específico, hasta el plan de desarrollo de Chiquinquirá (literalmente!). Y obviamente, no porque quiera sino porque me toca, me la paso yendo a la biblioteca casi todos los días a sacar libros que toca leer, y a veces hasta saco uno que otro libro que me interesa, pero casi siempre termino devolviéndolo sin haberlo podido abrir.
Las clases son poquitas, muy poquitas. Este "term" tengo solamente tres clases y voy de asistente a otra. Al principio estábamos todos medio bravos porque nos parecía que nos habían tumbado y que era muy poquito para una maestría, pero la segunda semana ya nos habíamos dado cuenta que con una sola clase adicional nos habríamos muerto. Para cada clase hay listas interminables de lecturas (claro, ya estamos cuadrando para repartirnos lecturas, etc), y casi todas las clases son bastante densas, van explicando cosas a mil como si uno entendiera absolutamente todo lo que pasa en el planeta tierra. Además de las clases, todo el tiempo están haciendo conferencias de gente super importante (presidentes de países, de bancos, escritores super importantes, etc). Es como estar literalmente con la crema y nata de lo que está pasando en el mundo. Ayer estuvimos con Sennett en una clase que dio solo para 20 personas (Sennett es un sociólogo super famoso), hace como tres semanas estuvieron Castells y Giddens dando conferencias (otros suuper bastos) y el otro martes está otra gente super pila también. Ayer estaba un tipo de Harvard dando una conferencia sobre tamaño de ciudades e inteligencia, medio chistoso pero interesante. Bueno, mejor dicho hay de todo. Ah, además de las clases y las conferencias hay asociaciones. Yo supuestamente estoy en la de medio ambiente y ética (no he podido ir a ninguna reunión) y la de la Sociedad Colombiana (he ido a las reuniones pero son un desorden inimaginable, da hasta vergüenza). Entonces uno podría estar todo el día metido en la universidad haciendo cosas, yendo a conferencias, leyendo, etc. Claramente, eso para mí es imposible pero le saco todo el jugo que pueda.
Con respecto al estudio, toca leer demasiado, y solamente hay una o dos notas para cada materia en todo el año. Es terrible! Entonces uno tiene que preparar desde ya todo, además de la tesis. Claro que nos ponen unos ensayos "extraoficiales" para que nos den retroalimentación y nos digan si somos brutos o si no nos va a ir tan mal al final. Ah, y la gente con la que estudio es predominantemente brillante. Yo nunca había estado en situaciones donde todas (o bueno, casi todas) las personas que participan en clase dicen cosas supremamente relevantes e interesantes. Es como una película, muy raro. Además, todo el mundo es puntual (siempre llegan 5 minutos antes a todo) y siempre sacan los libros de la biblioteca (cuando yo estaba en la Javeriana creo que era el único que sacaba los libros, todo el mundo se iba a las fotocopiadoras o simplemente no leía). Bueno, en general es impresionante.
No voy a ponerme a decir "qué he aprendido" porque me da pereza. Pero parece que mucho (o espero que sí).
Brevemente, sobre el trabajo: el plan que he seguido (Adri también mientras termina las cosas en las que está trabajando) es estar todo el día haciendo cosas de la universidad, después entre 5 y 7pm más o menos estar con Adri y Gabi, y después de que Gabi se duerme (7-730) me siento a trabajar hasta por ahí las 11pm. Esto normalmente funciona perfectamente, excepto por dos cosas: cuando tengo demasiadas lecturas y no tengo tiempo de hacerlas, cuando hay conferencias por la noche, o cuando Gabi se despierta al otro día a las 4 o 5 am (como hoy) y nos quedamos medio despiertos y terminamos durmiendo muy poquito. Debo aclarar que Adri es la que termina despertándose a hacer todo con Gabi, en parte porque es muy amable y en parte porque yo me quedo dormido como un idiota de todo el cansancio que tengo encima. Pero más abajo hablo de Adri y Gabi. En resumen, estoy tratando de hacer todo lo que pueda de trabajo, porque cada cosa que hago me toca escribirla en una hoja de Excel con la cantidad de tiempo que me demoré haciéndola, y con base en eso me pagan. Esto es mucho más desgastador que antes, cuando yo simplemente iba a la oficina todo el día, trabajaba en todo y me pagaban. Además de esto, tengo tres trabajos chiquitos adicionales (escribir dos libros cortos y revisar otro larguito) para poder tener la plata necesaria para estar aquí. Como todo el mundo nos había advertido, este sitio es MUY caro, en casi todo es exactamente cuatro veces más caro que en Bogotá, y pues yo me gano exactamente un 30% de lo que me ganaba allá. En resumen, ir a comer afuera es un lujo más allá de lo que era en Bogotá. No obstante, todo va bien.
Ahora la casa: cuando llegamos estuvimos en el pequeñísimo apartamento de Claudia (la amiga de Adri), que nos sirvió un montón porque, además de no tener que pagar casi por cosas de arriendo y de mercado, tuvimos mucho más tiempo para ver apartamentos (flats). Fue hasta chistoso porque los sitios donde queríamos vivir tenían uno o todos de los siguientes problemas: eran demasiado caros, eran demasiado chiquitos o eran demasiado cochinos o viejos o simplemente disfuncionales. Para dar un ejemplo, uno de los sitios a los que fuimos tenía una pequeñísisisisma sala, no tenía comedor, un cuarto enano y además el baño estaba dividido entre dos closets: en uno la ducha (inmunda) y en el otro el inodoro (dentro de la cocina!).
Por esto, comenzamos a buscar en otros sitios (bueno, Adri comenzó a buscar, ella fue la que estuvo más a cargo de todo lo de la casa, etc, buscó en todas las páginas, leyó descripciones de todos los barrios, miró dónde quedaban todos los parques, etc). Finalmente vimos este, pero cuando vinimos la primera vez como que no le pusimos casi atención, tal vez porque no era exactamente lo que queríamos (qué joda, ala). Después de unos días volvimos a ver más apartamentos pero todos eran enanos, etc... entonces yo saqué la plata para "pisar el negocio" y nos fuimos a ver otro apto, pero terminamos diciendo que queríamos pedir este. El proceso aquí es super raro: uno tiene que entregar la plata de una semana de arriendo para que la inmobiliaria llame al dueño del apto, y se comienza la negociación. Si todo sale bien, uno tiene que pagar seis semanas de arriendo anticipadas, más un cargo administrativo y un montón de papeles. Como pedían un codeudor inglés con finca raíz, pues yo les eché lora y finalmente quedamos en que pagábamos 2 meses y medio de anticipo (!!!), además del cargo administrativo.
Obviamente, esto descuadró todas nuestras finanzas, y gracias a Dios yo tenía la plata de Icetex porque se fue casi todo en ese tal depósito. Esa plata nos la devuelven solo cuando nos vayamos... eso se puede ver como algo negativo o positivo, pero pues preferimos verlo como algo positivo (ahorros para volver a Bogotá).
Uds ya vieron fotos de la casa y el videito. Hoy (por fin) están quitando los andamios de la obra y ojalá limpien la entrada que parece más bien un pequeño basurero que una casa (pero pues así son todas las obras). Lo que parece es que estos tipos son peores que los carpinteros en Bogotá: dijeron que se demoraban 3 semanas haciendo todo lo que tenían que hacer, y hoy (unas seis semanas después de que comenzaron) están bajando los andamios, aunque no han pintado nuestra puerta. Veremos... Pero la casa es super chévere, un poquito fría pero se siente super rico. Todos los muebles son de madera, y mi estudiecito es perfecto para concentrarse a hacer cosas. Además está la puerta que divide la sala comedor de los cuartos y mi estudiecito, entonces durante el día sirve para que yo me concentre y Gabi juegue con Adri, y por la noche sirve por si tenemos que hablar por teléfono con alguien.
Como habrán visto por fotos, la sala es realmente el sitio de juego de Gabi. La primera semana en este apartamento le compramos un sofacito de inflar, y después Adri consiguió la cocinita esa. Además cada rato sacan libros para niños de la biblioteca que queda a tres cuadras, y Gabi tiene su gaveta en la cocina de donde puede sacar cosas (al principio sacaba cosas de todas partes, pero Adri le explicó que podía sacar cosas solamente de una de las puerticas, que es donde están todas las cocas plásticas). A veces cuando estoy trabajando en la casa ella se asoma por la puertica y me viene a contar alguna cosa, y si tengo los audífonos puestos me pide que se los ponga un ratico. Después de 30 segundos se desespera y se va a jugar más, y a ver televisión.
Nuestra televisión está prendida casi siempre cuando estamos en la casa (excepto durante las comidas), en el canal tipo "discovery kids" de la BBC, y todo el día ponen los mismos programas, casi siempre repetidos. Obvio, gabi es feliz y baila y canta y ya sabe la mitad de los personajes que hay por ahí. Adri y yo obviamente ya cantamos una que otra canción (mi programa preferido es "Big and Small").
Adri y Gabi se la pasan yendo a cosas en las bibliotecas que hay aquí cerca (dos bibliotecas municipales donde hay eventos para niños dos o tres veces a la semana, y siempre cantan "the wheels in the bus go round and round..." y otras canciones típicas. Gabi a veces, especialmente a las 630 am, pide que Adri le cante una canción que se llama "Zoom zoom zoom" porque al final toca botarla para arriba y le parece lo máximo. También van a un gimnasio municipal donde hacen yoga y otras cosas, y donde hay una guardería por si Adri va a hacer ejercicio por su lado. No obstante, la última vez Gabi lloró durante un rato largo entonces por lo pronto no está quedándose en la guardería. Además el gimnasio tiene una piscina y Gabi es feliz allá cuando van a nadar. Yo todavía no he ido al tal gimnasio ese, espero poder ir rápido.
Si no están en las bibliotecas o en la casa o en el gimnasio, se van un rato para alguna librería (donde venden los libros) donde también tienen un espacio para niños y Gabi se dedica a sacar toodos los libros que se encuentra en los estantes. Lo bueno es que el sitio está tan desordenado que no importa, es exactamente para eso. Entonces tienen bastante que hacer!
Bueno, en parte ya conté cosas sobre Gabi y Adri, entonces creo que no tengo que contar casi cosas adicionales. Gabi ya tiene dos dientes arriba y le están saliendo otros más (arriba y abajo), y por eso parece que está a veces más brava que de costumbre. Ya está diciendo más palabras, y casi siempre les mete sílabas adicionales (mandarina termina siendo "labarandaradariiina" o cosas así). Adri a veces actualiza una lista de palabras que dice (bueno, que trata de decir y le salen parecidas). Va la lista completa (hay unas que se le han olvidado, pero básicamente son estas):
14 meses:
Cacn (casco),Capacn (zapato),Mamá,Papá,Caca (Clara, la empleada),Wuwo (jugo),Wawa (agua),Má (más),Peee (pez),Nana (abuela Liliana) –actualización 16 meses ya dice Nini,Al (aló),Tete (tetero),Oto (otro),Ecayo (se cayó),Mba (bomba)
Sonidos:
Cococo (glup, cuando quiere tomar algo de un vaso),Cacacacac (cua cua),Bowow (guauguau),Muuuuuu,zzzzzzzz (abeja),jojojoooo (papá noél),u-u-u a-a-a-a (mico),15 meses,champú (papú),tapa (papa),vaca,mandarina (miiina),ardilla (dilla),pan,blueberry (buuube),Ale,Hebilla (billa),popó,huevo ,
16 meses:
pavo,salchicha (atita),bota,niña (iinnna),gorro (grogro),media (maia),nariz (aniii),boca (coca),Tita,Pete,Claudia,Gabi (aaavi),Frutas (puta),Ropa (popa),Pipí,Se acabó (acabó),Iggle Piggle (ico pico),Charlie y Lola (dilola),Pocoyó (opoyo),Libro (ibo),Banano (anan),Uva,Galleta (ateta),Hola,Burbuja (buuja),Uña (ña),Gafas (alala),Caballo (iijijiji),Dientes (tete)
Entonces dice bastantes cosas. Lo mejor es que ya está haciendo frases simples: Ayer dijo "quiero agua", el otro día dijo "más milo en la boca"... bueno, en su forma de decirlo pero lo dice. Además cada vez que alguno se va de paseo con ella a un parque o algo, cuando vuelve y me ve o ve a Adri (el que se haya quedado), comienza a contar todas las cosas que vio ("cacacaca, wuwuwuw", etc). A veces también se acerca a Adri o a mí y echa una lora larguísima tratando de explicar algo que pasó, pero pues ni idea a qué se refiere. Normalmente eso pasa por la mañana cuando se acaba de levantar, que sale del cuarto y dice "cuuuro" (oscuro) y después cuando uno prende la luz empieza a decir un montón de cosas. Además ya está caminando a toda mecha y a veces cuando uno sale a caminar con ella cargada se pone super brava porque se quiere ir a pie (obviamente un viaje a la esquina con ella se demora dieciseis años más, pero ella es feliz).
Y listo. Creo que eso es lo que tenía que contar como para desatrasarlos. Ahorita está haciendo bastante frío (más que todo en las mañanas) y hace unas semanas nevó durante unos 15 minutos pero no más. El martes me pegué mi primera emparamada completa, entonces el jueves conseguí pantalones para la lluvia y todo para el frío porque aquí, a diferencia de Bogotá, sí hace frío de verdad! Ah, eso faltaba: todos los días me voy en bicicleta a la universidad, a veces es super pesado por todas las cosas que llevo en la maleta, pero normalmente no es tan grave. La bicicleta que compré es lo máximo, super liviana, super rapidita y en la universidad hay varios sitios para dejarla. El candado que compré pesa más que la bicicleta entonces ha servido para que no se la tumben (aunque en la universidad no se tumban ni un esfero, es muy basto).
Lo último será describir los fines de semana: cada fin de semana planeamos qué sitio vamos a visitar, porque con Gabi toca tener las cosas super bien planeadas para no devolvernos muy tarde, para tener un sitio para almorzar a la hora que ella tiene que comer, etc. Por eso es que cada fin de semana les mandamos foticos de sitios. Aunque el sábado antepasado llovío el día entero, y ese día fuimos hasta Greenwich al museo astronómico, y volviendo nos pegamos una lavada terrible, pero nada grave. Es chistoso porque normalmente la gente se queda echada en la casa pero pues con Gabi eso es como difícil. En el apartamento de Claudia cada ratico se iba para la puerta y decía "mammm" ("vamos") para que la sacáramos a algun sitio. A veces todavía dice eso, especialmente cuando está aburrida en una visita o cuando están en un columpio y se quiere bajar. Se pone seria y le dice a Adri o a mí "mammm", entonces uno se va. Claro, si se quiere quedar (como en la piscina) arma un escándalo como si fuera el fin del mundo, pero después de un ratico que uno le charle y le muestre otra cosa y la haga reír ya se calma.
Bueno, eso es todo. Espero que hayan quedado informados. Es mejor contar esto cada rato largo para que sea más completo el cuento que uno escribe, en lugar de estar escribiendo pendejadas cada semana. Además con el ritmo de trabajo que llevo, realmente es muy difícil gastarme un rato largo escribiendo. Por eso mandamos tantas fotos, porque es mejor ir a visitar sitios en el tiempo libre y tomar fotos. Esta ciudad es muy bonita y tiene sitios divinos, como han visto por las fotos.
Chao.
domingo, octubre 05, 2008
Primera semana
(lo habia quitado, lo volvi a subir hoy... para esta semana no hay nada todavia...)
Hay demasiadas cosas por contar. Uno no creería que tanto se pudiera
hacer en una semana, pero lo hemos hecho. Esperamos que lo de abajo
responda todas las preguntas que nos han hecho y cuente más cosas.
Comencemos con Gabi: Su más reciente adquisición comportamental ha sido
pararse frente a la puerta del "apartamento" y decirnos "mammm" (es
decir, "vamos") mientras señala con la mano extendida hacia la puerta y
mira sin parpadear. Ha aprendido también nuevas palabras como ardilla (illa)
gracias a una vecina de dicha especie que viene a pedir cacahuetes todos los
días a la ventana de la cocina. Y los sonidos de los animales los tiene
dominados, hasta frunce la nariz cuando uno dice conejo.
Está feliz con los patos que pasean por el canal que queda a dos cuadras
de la casa, y les grita "cac caaac caaac" cuando los ve, y también está
feliz con el agua de ese mismo canal (cuando llega dice "aaaaaawa"). Al
parecer no entiende bien cuando le preguntan cosas en inglés porque se
queda mirando a su interlocutor y no responde nada (en Bogotá les hacía
alguna cara de inmediato... aquí también, pero si le hablan parece que
entiende que no es su lengua materna o algo así... bien raro. Cuando uno le
traduce sonríe y saluda o manda besos a los extraños). También
está feliz con los espacios para niños en las librerías que hay cerquita
de la casa. De resto, sigue siendo la misma cerdita de siempre, solo que
poco más chinche cuando tiene sueño porque todavía no tiene el horario de
las siestas cuadrado.
No sobra contar la llegada al apartamento (el primer día, esto ya lo
contamos a algunos, así que si ya oyó la historia salte al siguiente
párrafo): Teníamos todas las
instrucciones de Jorge (en gran detalle) para llegar sin problemas por
el metro. Teníamos decidido rotundamente que nos íbamos a armar de valor
y que haríamos por lo menos el viaje hasta King's Cross y que de ahí
cogeríamos taxi. No obstante, después de todas las horas de vuelo, y de
esperar más de media hora que buscaran el coche de Gabi y no lo
encontraran, y ante la vista de todas las maletas y de Gabi toda cansada
(y del "tip" del man de las maletas perdidas que dijo que no nos
fueramos ni por el chiras en tren), pagamos la módica suma de 77 libras
(el estimado que Mónica hizo, casi exacto) de un taxi desde el
aeropuerto hasta el apartamento. Llegamos casi de noche y casi no
encontramos las llaves (Jorge las había escondido bastante bien, no
obstante las descripciones detalladas) y caímos muertos del sueño, todos
en una sola cama mientras Gabi buscaba su mejor posición para dormir
(durante dos horas).
Ahora el apartamento. Claudia y Jorge nos hicieron el favor más grande
del mundo en prestarnos su "flat". Es la vivienda más pequeña que
hayamos visto... una especie de cuarto extendido para tener un baño,
comedor y cocina todo-en-uno, donde las únicas puertas son las de la
entrada y la del baño-closet. De resto es "un solo espacio". Cabe anotar
entonces que no se puede respirar sin olerle el aliento al (la) vecino(a), y
que Gabi no ha tenido tanto espacio para jugar como querría (un segundo
está en la puerta pidiendo que salgamos, y el siguiente está botando
muñecas por la basura de la cocina - las encontramos horas después cuando
estaba botando un esfero ahí mismo). Claramente, hay internet, y
claramente Carlie salió el segundo día a comprar un router inalámbrico
porque solo había espacio para un computador y la "adicción al internet"
no era normal. Además, la mesa de comedor también hace las veces de mesa
de trabajo, mesa de desorden, biblioteca y mesa de noche. Tenemos toda
la ropa en las maletas (adecuadamente re-organizada) y hemos hecho
malabares por no sentirnos aglomerados. Tenemos un sitio con lavadoras y
secadoras a media cuadra, y un sitio de un turco donde compramos los
pistachos y las gaseosas.
Ahora, el futuro apartamento: después de buscar en internet y llamar a
varios sitios, el jueves y el viernes tuvimos algunas citas en apartamentos.
Uno
cerca de aquí que estaba medio feo y medio chiquito, pero tiene un
parquecito atrás, otro SUPER bonito pero BIEN lejos, y otros tres que
Carlie vio cuando lo llevaron en un Mini Cooper 2008 de la inmobiliaria
a verlos en segundos... todos tres bien bonitos, pero la inmobiliaria
cobra casi 400 libras (1.6 millones) de cargos administrativos (sí, al
arrendador!). Ayer en cambio vimos uno bonito y cerquita, ese va ganando,
falta ver el lunes que tenemos otra cita. Veremos qué nos depara el destino.
Ahora, la universidad de Carlie: la primera "reunión" fue el jueves,
donde decían que había una sesión de registro de 1030am a 230pm...
realmente era hacer una fila, decir el nombre y recibir el carnet, una
cuestión que tomó máximo 10 minutos y listo. El resto de vueltas
relacionadas con la universidad han sido buscar los libros (están en la
biblioteca (http://flickr.com/photos/carlosfpardo/2887603961/) pero hay
una sola copia de cada uno entonces mejor comprar los más importantes...
sí, hay librerías gigantescas con todos los libros que uno siempre ha
querido... qué tentación. Sobre la bicicleta, ha sido difícil: después
de visitar por lo menos 4 bicicleterías distintas y ver varias
bicicletas, se puede extraer una conclusión: las bicicletas aquí son
caras, se las roban bastante pero hay que comprar una pa transportarse.
El miércoles fueron las dos peores experiencias hasta la fecha: el
registro de policía y el metro en hora pico. Ninguna de las dos
recomendables. El registro de policía, según LSE, consistía en ir a una
estación de policía (favor llegar temprano, decían) y registrarse con
nombres, pasaportes y pagar 34 libras. Lo que no decían era que uno iba
a estar haciendo dos filas y después esperando que llamaran un número
para ir a sentarse, esperar a que llenaran un formulario y que
entregaran un papel brillante con una foto y los datos de dirección que
uno tuviese. Lo que tampoco decía era que el proceso podría tardar 5
horas y media y que no había sitios de comer cerquita.... tampoco decía
que de las 5 horas y media por lo menos la mitad tendrían que ser
haciendo filas... y ese mismo día tuvimos la fantástica idea no sólo de ir a
distraernos a Oxford Street con Gabi (que de por sí ya era un poco
osado dadas las aglomeraciones de esa calle),sino también de irnos en metro,
con
coche y en hora pico (!). Para eso fue necesario hacer lo posible por no
ser arrollados por una inmensa multitud y tratar de no sofocarse con la
cantidad de gente que había en el metro. También fue necesario armarse
de valor ante una de esas situaciones de algunas estaciones que uno no
prevee: un aviso que decía "puede subir 107 escalones para salir o usar
el ascensor para llegar a la salida"... junto a una fila de por lo menos
60 personas que querían entrar al ascensor y otro mar de gente subiendo
las escaleras. Decisión: el metro con Gabi será solo para situaciones en
las que no haya otra opción. Decisión 2: la bicicleta hay que comprarla
ya.
Hoy sábado fue el primer día de turismo real que tuvimos. Fuimos a lo
típico: Picadilly, Palacio de Buchkingham, Hyde Park y otros parques y otros
sitios del centro. Vimos el cambio de guardia, una cosa ahí de la
caballería, miles de patos, pelícanos, palomas y demás seres plumados con
los que Gabi fue feliz. Mañana seguiremos con nuestro itinerario turístico y
el lunes seguiremos con nuestra vida de no turistas.
Por lo pronto, todo bien. Esperamos lograr escribir al final de cada
semana para que estén todos informados. Estos días ha sido super difícil
tomar fotos y mostrar cosas, especialmente por lo que hemos estado
buscando aptos, consiguiendo cosas y consintiendo a Gabi para que se
sienta mejor, entonces no hemos podido responder correos. Pero las fotos
están en www.flickr.com/photos/gabipardoh , ahí estaremos subiendo las
nuevas.
Listo, saludos. Esto es escrito por Carlie y Adri, entonces si dice "los
queremos mucho" o cualquiera de esas cosas, lo escribió Adri.
LOS QUEREMOS MUCHO! (esa soy yo, efectivamente. Ese Carlos es más seco!).
domingo, julio 27, 2008
Por qué Londres, etc (FAQ sobre el viaje)
Para responder las preguntas típicas de todos sobre nuestro viaje a Londres, y para informar a quienes no saben, van algunas respuestas:
- Por qué se van? Porque Carlos fue aceptado a una maestría en London School of Economics (Contemporary Urbanism)
- Quiénes se van? Adri, Gabi, Carlos
- Por cuánto tiempo? desde septiembre 2008 hasta septiembre 2009
- Y no es muy caro? si.
- Y sí les alcanza? Si señores, tenemos presupuesto en excel y todo.
- Cómo hacen para que les alcance? con toda una gama de becas/préstamos (Colfuturo e Icetex, más ahorros propios y trabajo allá).
- Y qué dicen los abuelitos de Gabi? que qué tristeza, etc.
- Y qué van a hacer con las cosas? vender unas poquiticas, arrendar el apartamento amoblado (links apto), y guardar algunas cosas
- Y sí tienen a dónde llegar allá? Si, el primer mes, y allá buscamos más.
- Y si valdrá la pena? Si parece
- Y qué van a hacer cuando vuelvan? volver.
- Y cómo hacen con el trabajo de Carlos? lo "guardan"
- Y qué va a hacer Adri mientras? Mamá de tiempo completo, con algunos rezagos del trabajo desde allá. Cuando volvamos retomará su vida laboral.
- Cuántas horas de vuelo son? Son 9 horas hasta París y más o menos 2 de Londres a Paris.
- Cuántas horas de diferencia hay? Hay entre 5 y 7 horas de diferencia, dependiendo de la época del año.
- Y no será muy terrible para Gabi todo ese viaje? A los 5 meses de edad viajó con nosotros a Río de Janeiro 6 horas a Sao Paulo y después una hora a Rio), y sobrevivimos (casi no, pero lo logramos)... esperamos tener mejor suerte.
- Y no nos dejan a gabicita/bebé/Gabrielita/Gabi/Gabriela? (hay miles de variaciones de esta pregunta, como "yo creo que mejor la dejan", etc) NO VAMOS A DEJAR A GABRIELA! Ssssssssssssssssss.
- Y Carlos qué va a hacer con las bicicletas? Prestar una, vender/prestar otra, y guardar las otras cinco (si, son siete, y se van a quedar guardadas).
- Y para cuándo la parejita? Veremos... tan tararaaaaan (Juana comenta: ¿No es obvio que aprovechen de una vez para encargar la parejita ahora que por fin Adri va a tener tiempo?)
- (Pregunta de Juana) ¿Tienen previsto cuarto para visitantes?.... por lo pronto vamos a ver si conseguimos un apartamento que por lo menos tenga un cuarto para gabi, y de ahí veremos si existe alguna posibilidad para otro cuarto... pero pues si visitan al final cabrán en algun lado (el piso, el closet, el baño.... véase en este blog la historia de Carlos de Nueva York para ver su primera opción de vivienda allá).
Adios.
viernes, mayo 25, 2007
Correo desde Nueva York 8: Nada que escribir ni que leer (último desde NY)
Hoy no hay ni foto, ni dedicatoria, ni muerto. Si caen en cuenta de alguno de los tres, sugieran
Cuando es viernes comienzo a pensar en lo que voy a escribir el lunes, el correo largo. Pero no se me ocurre nada en absoluto. Tal vez es por todo el cansancio de la semana, por las ganas que me dan de dormir, y las pocas ganas que tengo de sentarme en un computador un viernes por la tarde. Entonces no me preocupo por la falta de ideas.
El sábado normalmente camino por ahí y comienzo a unir ideas, me acuerdo de las cosas que han pasado durante toda la semana, y me doy cuenta que todas podrían caber dentro de una sola historia. Me paso el resto del fin de semana elaborando mentalmente (perdón por el término) la forma como las voy a unir, y el domingo por la noche ya se me ha ocurrido un título. Creo que por eso es que me pierdo tanto por ahí, porque estoy englobado pensando en el lunes en la mañana mientras camino por la ciudad.
Si el sábado no se me ha ocurrido nada, el domingo a veces estoy acelerado por el hecho, y al final de la noche se me ocurre algo. Esto me está comenzando a divertir, es como armar un collar con diferentes piezas, pero armarlo de tal forma que se vea bien. Si seguimos la analogía, el viernes solo tengo las piezas, y durante el fin de semana las voy uniendo por medio de la cuerda que las sostiene.
Ayer (domingo), en la tarde y en la noche, no tenía ni piezas ni cuerda, ni nada. No tenía ni idea qué iba a escribir, tal vez porque me la pasé todo el día montando en bicicleta (en un recorrido por Queens para “raise marrow bone awareness”, opinen lo que quieran), y el sábado caminé por ahí para encontrar sitios que no conociera de Manhattan (esta ha pasado a ser una actividad bastante interesante). No estuve englobado (por lo menos no con esta historia), y llegaba la noche y no tenía qué escribir el lunes.
Entonces comencé a buscar temas, y pensé en simplemente escribir sobre el acto de escribir, o tal vez sobre el acto de leer. Me acordé de los libros de Umberto Eco que leí (por partes) en la casa (de Salas), y me pareció un poco aburrido dar una versión primípara e inexacta de semiótica a personas que pueden saber más de esto, o que sinceramente no les importa un pito los significados o los significantes, o el texto, el autor y el lector.
Entonces, qué hago? Me resigné a escribir cualquier porquería, y me dejé de preocupar por eso. Cogí un libro de Calvino y me sumergí en los primeros cuatro capítulos, y lo cerré. Hablaba sobre leer, y sobre buscar libros en librerías (solo al principio). Me englobé pensando en las bibliotecas, y en mi persistencia por leer cualquier cosa. A veces me siento como si tuviera la obligación de leer todo lo que se me pasa en frente. No sé cuantos de ustedes gozan leyendo mientras caminan, pero a mí me puede parecer una actividad espectacular. Comencé a hacerlo en bachillerato cuando caminaba hacia el paradero del bus, que ya quedaba lo suficientemente lejos como para poder leer unas buenas cinco o seis páginas del libro que tocara leer para español o inglés. Al principio la actividad me pareció bastante difícil, porque no era capaz de bajar andenes sin apartar la vista de lo que leía, y a veces cruzaba las calles y me pitaban los carros porque estaba leyendo. Si estaba muy de malas, metía la pata en un hueco lleno de agua mientras leía, y duraba dos o tres días sin leer hacia el paradero porque me daba miedo caer en una alcantarilla destapada.
Cáigase en cuenta que mi paradero quedaba en la 127, y me tocaba cruzarla. Meses después de emprender mi lectura caminante, ya podía cruzar la gran avenida con una mirada a través del rabillo del ojo, elegantemente volviendo a la línea en la que había quedado.
Más adelante, cuando mis intereses se distanciaban un poco de los libros y llegaron a las bicicletas, ya no caminaba al paradero sino que me iba montado hasta el colegio. Como tocaba irse por la autopista, no leía durante el viaje. Pero algunos años después, confiando en mi destreza al montar en la bicicleta, comencé a leer mientras llegaba a un sitio. Aunque esto no lo hago mucho (siempre ando con afán, brincando andenes y volándome semáforos en rojo), cada vez que tengo la oportunidad, estoy relajado y puedo irme por una ciclorruta con pocos cruces, llevo un libro y lo leo durante el recorrido. Una vez lo hice por la Calle 90, y algunas otras bajando por la 92 (tengo freno de pie, entonces puedo soltar las dos manos para leer). Una vez leí una carta de amor (más bien, de dolor) mientras montaba, y comento a quienes piensen hacerlo que no es ni fácil ni divertido, yo lo hice porque era inminente y debía leerla en ese momento, pero es muy difícil estar leyendo algo afectivo y caótico, y al mismo tiempo dirigir una bicicleta mientras los ojos se humedecen un poco.
Entonces leo cuando puedo, y creo que mi inclinación a leer en movimiento se debe a mi dificultad para quedarme quieto, es una especie de mecanismo de adaptación entre la hierpquinesia y la necesidad de leer. Raro...
Otra cosa que va unida a esto es la infinita paciencia que tengo (y que he visto en otros) para ver todos los libros en una biblioteca o librería, por lo menos de las áreas que me interesan. Cuando entro a una casa, después de ver los marcos de los cuadros y las chapas de las puertas, me quedo unos minutos (si es posible, varios) mirando el repertorio bibliográfico del hogar. Si los libros son seriados, sin están en algun orden, si han sido abiertos, y si todos son de una época específica. Si pueden demostrar la inclinación intelectual de sus dueños, o si simplemente han sido comprados por metros y para llenar espacios. Si es posible (y si tengo la confianza suficiente) cojo uno de los libros que me interese y lo hojeo. Si tiene un señalador se lo pido al dueño o dueña, y le ofrezco otro a cambio, que después se lo traigo, ay porfa, usted igual no usa este señalador.
Es impresionante la capacidad que uno puede obtener de mirar libros verticalmente. Me explico: cuando uno está viendo libros en una librería, todos están dispuestos de lado. Esto hace que los títulos se vean verticalmente, y si uno tiene suerte todos estan del mismo lado. Uno parece un patito caminando hacia los lados y mirando todos los libros que hay, en especial cuando están en el estante del centro, donde uno se debe agachar. Entonces uno termina agachado, con la cabeza inclinada un cuarto de giro, con la boca abierta, mirando qué título puede ser de interés. Si uno está en una librería de Bogotá, es prohibido sacar los libros, y mucho más abrirlos y leer un poco. Como si uno se lo fuera a terminar, y como si uno tuviera un poder especial que le hiciera saber si el libro es interesante o no. Y después los dueños de las librerías se preguntan por qué la sociedad colombiana no lee. Pues porque no los dejan ver los libros!
Esto nos lleva de vuelta a Nueva York. Capital del mundo en muchos aspectos (todavía estoy debatiendo conmigo mismo si es una capital cultural o no, sigo dudándolo fuertemente), para mí es capital editorial. Gran parte de los libros en ingles que uno ve tienen como lugar de editorial esta ciudad. Esto llega a ser tan absurdo que, cuando estoy escribiendo la bibliografía de un libro que no recuerdo bien, le enchufo New York: Anchor o New York: Penguin Classics, porque son las típicas editoriales que uno encuentra (además de Prentice Hall y McGraw Hill). Esta puede ser la ciudad de los edificios, de los locos, de los acelerados o del apocalipsis. Para mí, es la ciudad de los libros.
En la calle 18 con 5ª hay una librería que fue fundada en 1873, llamada Barnes and Noble. En este momento, en Estados Unidos hay más librerías Barnes and Noble que Crepes en Bogotá. Pero la de la calle 18 es la más gigantesca que yo haya entrado. Ya había ido a una en Texas, que solamente tenía dos pisos, pero de todas maneras era grandecita. Ahí compré Walden y tres libros de Calvin y Hobbes (lectura densa pero indispensable), pero nada más me pareció interesante. En la calle 18 uno se siente en Alejandría. Entra, camina durante un rato y parece que ya se acabó. Pero sigue caminando y encuentra que hay otra parte de libros de textos gigante, y sigue caminando para encontrarse otra parte más grande llena de libros de segunda mano. Los estantes tienen cerca de 10 pisos, hay escalera para subir a buscar libros, y esta llena de gente leyendo.
Esto es espectacular. Después de la experiencia de prohibición en Bogotá, en esta librería no solamente lo dejan a uno leer libros, sino que uno está casi obligado a coger cinco o seis y llevárselos al cafecito del segundo piso, pedir un frapuccino y quedarse horas leyendo. Cuando uno termina, pasa una señora y recoge todos los libros que han dejado en las mesas para volver a dejarlos en su lugar. De esta forma he sondeado biografías de Einstein, libros de Freud, otros de temas extraños (dragones y epostemología, manos, Van Gogh, Gould, Dickens, etc). En la calle 22 hay otro Barnes and Noble casi tan gigantesco al anterior, pero en este hacen conferencias de autores (creo que la intención es coger el peor libro de la semana y traer al autor para ver si la gente se anima a comprarlo).
En la calle 12 hay otro Barnes and Noble, y por fuera parece tan grande como la Bucholz de la 73. Ayer entré porque estaba perdido (raro) y necesitaba aire acondicionado (y libros). Me quedé mirando y me dí cuenta que no era para nada grande. Además, no tenían nada interesante ni sección de descuentos. Entonces busqué escaleritas, y encontré dos. Las que daban para abajo llevaban a un sótano gigantesco lleno de libros de niños, y las que daban para arriba tenían un segundo piso con más libros, esta vez bastante interesantes. Una historia de las bibliotecas carísima, y más libros de Foucault (estan en todas partes). De ahí sali sin más libros.
Pero entre la librería de la 18 y la de la 22 hay cincuenta más, todas de libros usados. Estas las encontré por coincidencia (es decir, estaba perdido) y entré a una que estaba en descuentos. Las librerías de libros usados son las más chéveres de todas, porque huelen a ese polvito de los libros que tienen más de cincuenta años, que hacen estornudar y que en excesivas cantidades dan alergias en la nariz. En esta librería compré un libro de expresiones faciales y nada más.
Y en Greenwich hay otra librería donde encontré varios libros de interés (claramente la librería era de libros usados). Primero, una edición vieeja de Lorenz, el librito que es hecho de cuenticos. No lo compré porque lo tengo en español, pero todavía dudo por haberlo dejado ahí sentadito, solito. Una biografía de Einstein de 1200 páginas (creo) por 10 dólares- con pasta dura- y otra biografía de Freud con fotos y de tamaño gigante (como para tumbar a alguien de un librazo- golpe de libro-) por 21, una anatomía de Gray por 7 dólares que no compré porque está en Internet, y otros más de Jung. También había una edición especial de Edgar Allan Poe, que venía el libro dentro de una cajita, esos que hacen porque son muy delicados entonces tienen que cuidarlos. Había varios de etología y de ciencia también otros, pero tuve que dejar ahí. Además, cogí señaladores del sitio para recordar donde quedaba y para engrosar mi colección.
En la calle 42, entre 5ª y 6ª, hay otra librería. En esta hay como diez mil postales diferentes, y encontré un libro de urbanismo a todo color por 6 dólares, almanaques y atlas, The Lord of the Rings en cinco ediciones diferentes, y libreticas chéveres. Compré como tres libros, y me regalaron un café (dicen que el café de esta ciudad es hediondo, pero a mí me parece delicioso, tal vez porque nunca tomo café pero aquí comencé a tomar).
Pero en la calle 14, casi con 4ª, hay otra librería de usados, que dicen tener 8 millas de libros. Cuando entré les creí, además tienen libros antiguos, y afuera de la tienda hay cerca de veinte anaqueles móviles con 300 libros cada uno, todos por un dólar (pues, cada uno).
Y también hay bibliotecas públicas. El sábado entré a una, que tenía seis millones de libros adentro. Las salas de lectura son tan grandes que se podría jugar futbol adentro, y ahí uno no se siente en Alejandría sino en la biblioteca del monasterio del nombre de la rosa (otra vez). Esta biblioteca solo la recorrí porque no tenía tiempo, eran las 5 y media y cerraban a las 6, y con ese tamaño tuve el tiempo exacto para recorrer lo importante.
Después de recordar todas estas librerías y la biblioteca, me doy cuenta de la razón por la cual pasó lo de anoche. Cogí todos los libros que he comprado, los uní a los que me han regalado sobre transporte (en la oficina), y los metí en una maleta... bueno, los traté de meter, porque no cupieron todos. Ahora tengo dos maletas de viaje llenas de libros, y no tengo ni idea dónde voy a meter la ropa. Al ver esto, tomé una decisión bastante madura: si no cabe la ropa en las maletas cuando me vaya, solo me llevo los libros.
Correo desde Nueva York 7: Baños, estatuas y relojes

Figura 1. No se alcanzan a ver, pero son el grand central station y el Chrysler. Esta vez ninguno pelea
“(...) por experiencia, no puedo recomendar a nadie que siga mi ejemplo (...)”
Sigmund Freud, Estudio Autobiográfico (1935), 2 páginas antes de terminar.
Perdón, esa cita tenía que ir ahí. Si la leen así, van a pensar que estoy atacando, como siempre, al psicoanálisis. Pero para los que han leído el libro, se darán cuenta que lo que hago es seguir con el psicoanálisis en el corazón (no se ha ido de ahí, y nunca se irá).
Ahora la dedicatoria. Debido a la fecha, este correo tiene que ser dedicado a Catalina Sánchez, porque es su cumpleaños, y porque nunca he visto a alguien que goce más con este evento que nos recuerda que estamos cada vez más cerca de la muerte, o para algunos otros que hemos vivido más. Feliz Cumpleaños.
Estamos como disperses hoy, y creo que todo el correo estará más que disperso. Los temas de hoy son dos, uno de mayor importancia que el otro, pero los dos tratan un mismo tema, aunque no lo parezca. El tema principal es la relativización de todo después de que todo el mundo le entendió mal a Einstein. Claro, nada va a ser en términos físicos porque esto no es una revista científica. Son dos ejemplos más que claros de esta constante cultural, cada vez más arraigada en nosotros.
Primer caso
La semana pasada fue algo agitada, pues este miércoles tengo que entregar un informe final tentativo a la organización, y he estado haciendo entrevistas (5 entrevistas de media hora, todas transcritas a word y analizadas, además de 8 diarios de campo. Es decir, estoy cansado). Además, estaba hablando con Oscar Diaz (asistente de Peñalosa y un compañero de trabajo en ITDP), y le dije que me gustaría tener una entrevista con Peñalosa. “Pero pues claro, fresco. Eso toca esta semana porque la otra se va a Bogotá”. Entonces me dispuse a ser el más intenso con el tema de la entrevista, acordándole a Oscar todos los días del evento. Y casi lo logro. Peñalosa iba a venir el Jueves a la ciudad (como era de esperarse, vive en un suburbio), e iba a darme un tiempo para entrevistarlo. Finalmente, le dio pereza venir a Nueva York (está lloviendo, le toca coger metro y hacer transfer, etc), y me quedé sin entrevista.
Cuando estaba todo casi por lograrse, sentí que iba a escribir hoy todo el tiempo sobre Peñalosa, y sobre cosas chistosas que tuviera. Tal vez tenía una foto en la oficina donde saliera con sus hijos en vestido de baño naranja, con pelo en pecho, y muerto de la risa. O de pronto las medias eran de muñequitos de plaza sésamo, pero eran oscuras entonces nadie se había dado cuenta.
Bueno, lo importante es que no lo entrevisté y me quedé sin tema para hoy. O más bien, no es que me haya quedado sin tema, sino que el que pensaba contar ya no era parte del repertorio.
Pero el Jueves pasó algo rarísimo en este edificio. Les tengo que explicar detalladamente cómo funciona el piso 12 de 115 W30th, para que entiendan: Estas oficinas son chiquitas, y ninguna tiene baño. Los baños quedan a los extremos, y en cada extremo del piso hay un baño para mujeres y otro para hombres. Gracias a Dios estan debidamente marcados, porque si no imagínese la pena de salir del baño de mujeres y encontrarse con una mujer, dejarle salpicado todo y conocerla... nooo.
Además de estar marcados, tienen ventanas. Lógico, gran parte de los baños tienen ventanas. Pero un día entré al baño (de hombres, claro), y comencé a mirar por la ventana. Me di cuenta que se veía una antena como en la punta de un edificio, y me pareció que yo conocía ese edificio. Sin más ni más, salí y seguí en mis cosas.
Cuando salí del edificio a almorzar, vi el Empire State y, como vil indiazo que sigo siendo, me quedé mirándolo con la boca abierta (este fin de semana me di cuenta que la apertura de mi boca es directamente proporcional al tamaño del edificio que esté mirando). Y vi que en la parte de arriba tenía una antena, y me di cuenta que era la misma que yo había visto desde el baño! En este momento me reí solo, un segundo, y me di cuenta que era una pendejada, que a quién le iba a importar que desde la ventana del baño de la oficina se veía el Empire State.
Mentira! Qué tal una situación donde a uno le pregunten (por ejemplo, en una entrevista de trabajo) que dónde ha trabajado. Yo puedo responder “pues en Nueva York, en un sitio donde la vista del baño era el Empire State”. Muy chévere, no? Bueno, pensándolo mejor, como que no. Además podía ser una especie de ilusión, tal vez era otro edificio cerca al nuestro, y no era el Empire State, y ya la respuesta a la pregunta de la entrevista sería “pues en una ONG de transporte en Nueva York”. Muy aburrido.
Entonces lo que decidí fue verificar que este edificio era el Empire State. Me metí al baño, me monté en el inodoro y saqué la cabeza por la ventana (es como alta) para mirar y, si! Era el Empire State. Lo máximo.
Claro que entré a la oficina y pensé en contarle a la gente, pero como que la cara que me iban a hacer era “este tercermundista imbécil, prefiere ver el Empire State desde el baño que salir y caminar dos cuadras a verlo en frente”. Pero esque ellos no comprenderían la magnitud del asunto. Estoy en un lugar donde un edificio histórico se puede ver desde el sitio menos pensado! O por lo menos desde un sitio donde la última intención del arquitecto era que se viera el Empire State. Si él hubiera sabido que desde ahí se veía el edificio, los baños estarían en otro sitio.
Ese es el primer cuento del baño. Pero tengo que contar más cosas sobre aquel lugar tan incógnito, que no aparece en las telenovelas, y que nadie parece aceptar que pasamos una parte considerable de nuestras vidas ahí dentro.
Cuando estaba en una de mis excursiones investigativas (confieso que ya solamente uso el baño de ese extremo, para ver el Empire State y que nunca se me olvide ese hecho), había otra persona (mujer) que iba hacia allá. Como el baño queda en un pequeño corredor, y primero es la puerta del baño de mujeres y después el de hombres, debía esperar a que la mujer que estaba delante de mí entrara al baño, y tal vez preguntarle si desde su baño también se veía el Empire State (me he visto a tentado a entrar y mirar, pero prefiero no armar alborotos por ahora).
Entonces pacientemente esperé a que la señora entrara al baño. Era una señora de casi cincuenta años, de pelo canoso, y tenía falda escocesa. Por favor no me pregunten que hace un personaje de este tipo en un edificio en pleno manhattan. Simplemente piensen en esta señora en la puerta de un baño de mujeres que sirve para 12 oficinas: se detuvo frente a la puerta, tocó dos veces para saber si había alguien adentro, y de pronto abrieron la puerta rápidamente, y la señora se asustó un poco. Pero la persona que estaba saliendo del baño, y que había abierto la puerta de una manera tan brusca, no era parecida a la muñequita dibujada en la puerta, a diferencia de la señora de faldita que sí merecía entrar al baño con todas las de la ley.
Lo que quiero decir es que del baño estaba saliendo un hombre. Algo delicado, pero un hombre! Dijo un simple “excuse me” y salio caminando hacia su oficina sin el más mínimo reparo.
IIHHH! Entonces me quedé elaborando hipótesis rápidas: el tipo no había alcanzado a entrar al de hombres porque se iba a morir de las ganas de entrar, o estaba ocupado el otro baño. La primera no es tan factible, pero al inspeccionar el baño de hombres, estaba completamente desolado, y además tiene dos “puestos”! Es decir, mi vecino de oficina obtiene cierto placer de entrar a los baños de mujeres. No entiendo todavía a esta gente.
Como mi misión por ratificar la vista del Empire State desde el lugar destinado a las excreciones humanas ya estaba por terminarse, decidí comenzar a investigar al hombre extraño del baño.
Preguntas tentativas: por qué entró al baño si el de hombres estaba desocupado? Por qué nunca se pone zapatos? Por qué esta vestido siempre con pantalones blaancos? Por qué tiene un perro hediondo y despelucado que corre por toda su oficina? No le dará cosa que lo cojan? Por qué tiene la voz suave? Por qué nunca saluda cuando uno llega a la oficina (bueno, yo tampoco lo saludo)? Y la pregunta final: Será que es gay?
En este momento se me avalanzarán la mitad de los lectores para decirme que el homosexualismo no es algo raro ni condenable, que el DSM III ya no sirve, que Portuondo es muy viejo, y que soy un racista asqueroso.
Calma. Simplemente estaba haciendo una pregunta que se debía responder con un sí o con un no, o tal vez con un “maso(menos)”. Quería saber si el hombre realmente era un enfermo mental con interés hacia los baños de mujeres (no puedo entender por qué), o si simplemente se sentía más cómodo en este espacio dadas sus inclinaciones sexuales.
Entonces esto me llevó a una serie de preguntas más interesantes: A qué baño debe entrar un gay? A cuál una lesbiana? Será que toca tener entonces cuatro tipos de baños? Qué símbolo sería rápidamente reconocible para los hombres gays y cuál para las mujeres gays, y que no sea ofensivo o discriminatorio? En este momento me doy cuenta de la estupidez de la lucha por la discriminación en este particular evento. Si quisieran destinar baños a quienes tienen inclinaciones sexuales diferentes, porque estas lo han pedido, entonces hay que discriminar, diferenciar, con un símbolo.
Dejo la pregunta para tentativas respuestas, porque el cuento del Empire State y sus consecuencias me dejó cansado, y después de perseguir al señor de orientaciones sexuales desconocidas o intereses patológicos desconocidos también me opacó la vista por un tiempo. Tal vez antes de irme tengamos una respuesta, la publiquemos en un libro y lo titulamos “A qué baño entraría una persona gay?” Toca ver si el término gay es políticamente correcto, o cuál es el que se debe utilizar. De todas maneras, dejemos este tema poco profundo aquí, para pasar al más profundo.
Segundo caso
Caminar por esta ciudad (bien hidratado y con harta plata para comprar cocacolas y mani) es una delicia. Si uno tiene una cachucha mejor, porque el solecito si no se lo aguanta nadie (recuerden, es verano y el concreto de los innumerables edificios retiene el calor más que en otro lugar). Y cuando uno está caminando por cualquier sitio de la isla, va a ver gente caminando por todas partes, en especial en los días entre lunes y viernes, después de las 4 y media. Todos corren para todas partes. Y los fines de semana en times square, todos caminan para todas partes, todos toman fotos de todas las cosas que ven.
Yo ya estoy como acostumbrado, entonces he podido comenzar a mirar más calmadamente (si, todavía con la boca abierta) todo. Hay dos cosas que me impresionan de toda la ciudad: las estatuas y los relojes. Hay en todas partes. Y no es sectorizado, simplemente estan en todas partes. Realmente en esta ciudad los relojes de pulsera sirven de poco o nada, porque simplemente uno busca el reloj de Macys, el de la 34, el digital de Union Square, o cualquiera que haya por ahí. Todo el tiempo nos están dando el tiempo, todo el tiempo quieren que uno sepa qué hora es, si uno va tarde o si va temprano, y si va temprano pues qué bueno porque va a llegar bien al sitio y tal vez les parece puntual, o si llega tarde pues toca apurarle porque es la tercera vez y ya que pena, ala.
Algunos relojes están dañados, y esto me hace pensar que la costumbre de poner relojes en todas partes ha sido perdida. Cuando construyeron la mayoría de los edificios, les pusieron relojes en algun lugar. Así calculo el tiempo que llevo desde la casa hasta la oficina. Miro todos los relojes que hay en el camino (creo que son 12) y voy viendo si voy más temprano que ayer, más tarde que mañana, y si todos los relojes estan bien sincronizados. Es un viaje por el tiempo, o más bien un viaje evidenciado a través del paso del tiempo, porque todos los viajes son por el tiempo, asi sean cercanos a la velocidad de la luz o cerca de una masa muy grande, pero prometí no meterme con la física.
Caigan en cuenta de lo que esto implica: esta ciudad nos está observando con sus relojes. Cortazar tenía razón. Cuando dijo que el reloj era una forma de atarnos a la realidad, y de esclavizarnos a tener que darle cuerda todos los días, solamente hablaba de relojes de pulsera. Pero si hubiera vivido acá se hubiera vuelto loco, y el escrito de instrucciones preliminares para dar cuerda a un reloj se llamarían “advertencias sobre los relojes de Nueva York”. Ya no es necesario comprar un yunquecito con mecanismos ínfimos que cuentan el tiempo, sino que la ciudad los provee. La ciudad nos esclaviza al tiempo. Y yo, feliz. Qué tal!
Este personaje del reloj está por todas partes en esta ciudad. Pero también hay estatuas que contrarresten su poder. Las estatuas están en todas partes, todas miran, todas están haciendo algo. En la estación de policía al lado del Brooklyn Bridge hay una señora dorada que mira desde arriba. Al lado, en City Hall, hay otros manes con batas que parecen pedir justicia por algo. En la calle 41, entre 6ta y 7ma, hay un edificio donde se quedaron unas estatuas ahí sentadas desde la cosntrucción, pero no parecen estar para nada incómodas. Tienen los pies colgados, y estan sonrientes, pero no miran sino para adelante (muy raro, son tres tipos que no se miran el uno al otro, aunque lleven ahí tanto tiempo). En la 42 con 5ta hay leones ahí echados, al parecer cuidando los 6 millones de libros que están en la biblioteca pública de la ciudad, que en sus paredes también tiene una mano de gente ahí mirando. Cuando uno entra a Central park por la esquina suroccidental, está cristóbal colón saludando desde quince metros de altura, simón bolviar en el caballo, y más cerca de la entrada esta un chino en bola mostrando algo, al lado de un tipo gigante echado sobre las piedras de la fuente, en riverside church están personajes históricos (hasta Einstein, un judío en una iglesia católica) todos en piedra, intimidando la entrada. Esto también es particular: Antes de entrar a cualquier iglesia uno ha pasado por la mirada de por lo menos doce personajes en piedra, que parece advertirnos que entramos a un lugar sagrado.
Pero la mejor de las esculturas es la de Grand Central Station. Además de estar al lado de un reloj, es un personaje en movimiento, y dos más que lo miran sentados. Debajo de él está el reloj, dorado, que inevitablemente se roba el show.

Figura 2. Exacto, esta.
Pero no me he explicado. Simplemente el interés por las estatuas y esculturas, en contraposición con los relojes, es porque son completamente contradictorios. Las primeras piden paciencia, tranquilidad, quietud, o por lo menos tratan de equilibrar el imparable movimiento de la ciudad con personas inmóviles, de piedra. Los otros incitan al movimiento, a la atención al tiempo, al paso de las horas y al cumplimiento y la puntualidad. Va tarde, va temprano, va rápido o va despacio. Entonces no he logrado entender cómo pueden convivir relojes y estatuas en un mismo lugar. Si ha sido dificil para los seres humanos convivir, creo que el mejor ejemplo es el de la figura 2, la convivencia entre la quietud y el movimiento, la tranquilidad sublime, clara y el afán desproporcionado, dorado. Es por eso.
Y esto se une perfectamente con los baños, o no? Bueno, cada texto se va por si solo, su autor no tiene nada que decir después de entregarlo. Les dejo el resto a ustedes.
Adios.
Carlos F. Pardo.
Correo desde Nueva York 6: Hamburgers are good for you

Figura 1. Dos monumentos luchan para obtener el centro de atención, y los dos lo obtienen. Rockefeller Center y aquella catedral frente a la estatuilla.
Este correo está dedicado a otra artista, quien murió la semana pasada, Celia Cruz. Esta dedicatoria no se puede cambiar, así alguien pida que la cambien por la de su abuela que murió ayer (igual, creo que sería poco probable que me pelearan porque esta breve carta tuviera una dedicatoria diferente, en especial por su insignificante impacto en los lectores). Las razones por la importancia de la dedicatoria deberán ser solicitadas por correo, pues tendrían que ser expuestas en varias páginas, además de aprobadas por una tercera persona.
Bueno, como ya ha pasado la novedad de lo que les cuento, esto ya lo leen pocos. Sinceramente, me siento más cómodo, pues así sé que los que leen estan realmente interesados, además el hecho de tener un público más cercano afectivamente me hace sentirme más cómodo, pero me hacen ser mucho más sincero y contar cosas más... bueno si, íntimas. Entonces agárrense. Aquí vamos.
El título de este escrito es bastante incoherente a primera vista, pues pareciera que la estatua en lucha contra la catedral y la dedicatoria a la salsera de pelo y vestimenta colorida no tuvieran nada que ver con datos nutricionales de la comida tradicional estadounidense. Para esto tendremos que ver muchas anécdotas, y finalmente llegaremos a una Gestalt del asunto (bueno, una visión holística, pero esque el término Gestalt es mucho más comprensible).
Primero que todo tengo que contarles (recordarles a algunos) el mecanismo mediante el cual los gallos establecen jerarquías en un grupo (si, en una gallada, sería). La etología es una de las ciencias más maravillosas del siglo XX, y ha sido capaz de lograr explicaciones comprensivas y bastante amplias de fenomenos animales y humanos (animales, también), en términos de sus conductas. Una de ellas es este establecimiento de jerarquías en diferentes especies, cuya función sería la de establecer finalmente quien come primero, quien tiene las mejores hembras, quien será el que se reproduce más que los demás.
En el caso de los gallos, se presentan peleas durante algun tiempo entre todos y, como en una serie de partidos de futbol por eliminados, terminan estableciendose los lugares en la jerarquía. El primero es el que manda y fue quien ganó a todos, el segundo y tercero le siguen, y así sucesivamente. Vale decir que al primero, después de establecer su lugar, nadie le pelea. Los que estan debajo de él podrán agarrarse las mechas hasta casi asesinarse, pero el líder es el líder, y a él nadie lo toca.
Entonces esto sucede de forma parecida en otras especies. Los lobos también son espectacularmente ordenados al establecer jerarquías, así como los seres humanos. Pero la diferencia con los seres humanos es que no son artísticos (como los gallos y los lobos) al establecer sus jeraraquías. Son asquerosos. Tienen resagos filogenéticos de otras especies, y tratan de subsanarlos con racionalidades incoherentes. Es decir, actúan como si supieran lo que estan haciendo, pero no tienen ni idea porque realmente son conductas arraigadas biológicamente (en parte, no nos metamos con la discusión genes-cultura) que no saben controlar.
Un perfecto ejemplo son las competencias, y vamos a ver el ejemplo específico de las bicicletas (porque se me acaba de ocurrir, no es por nada particular), con una anécdota del sábado. Cuando acababamos de comprar la bicicleta de Salas, y él estaba feliz porque volvía a hacer parte de esa cultura de dos ruedas, pasamos por la casa de unos amigos suyos, y salimos con ellos a montar. Ibamos para un supermercado a comprar comida para cocinar, y eramos cuatro personas en bicicleta. Había semáforos, cruces con pares y contravías en el camino, pero durante todo el tiempo prevalecía la búsqueda inconciente del primer lugar, aunque no fuera una carrera. Obviamente, yo era el primero en disputar el primer lugar, pues mi inmadurez ciclística me ha hecho imposible concebir que alguien esté delante de mí y no me esté retando. Durante todo el tiempo cruzamos semáforos en rojo, nos metimos por andenes y buscamos formas de cortar entre los carros en la mitad de la vía para llegar de primeros. Cabe resaltar que eramos tres hombres y una mujer, y los tres hombres eramos los que más nos peleabamos el primer lugar. Claro, nunca sin decir algo. Finalmente llegamos, guardamos las bicicletas y no se volvió a tratar el asunto. Yo tenía el orgullo de haber estado de primero, de haberme cruzado TODOS los semáforos en rojo, y de no prestar atención a un solo pare. Como un imbécil, tenía una leve sonrisa ante los demás, y era reconocido como “el man” que monta más. Qué estúpido.
Voy a cambiar de tema abruptamente. En otra ocasión, estaba hablando de lo ridículo que logra ser atribuirle un sentimiento romanticón a estar perdido. Esta semana he pensado que hay otro evento de la vida que también se le ha dado este mismo carácter, pero lo tiene (en parte) justificado. Es la lluvia. En esta ciudad venden millones de postales de la ciudad, y de vez en cuando la lluvia aparece como un tema fundamentalmente romántico. Por qué pasa esto? Tal vez porque para estar debajo de una sombrilla hay que estar cerca, y los abrazos son más fáciles (para algunos) en estas circunstancias, o tal vez más útiles. También se le ha dado una importancia absurda a los besos bajo la lluvia. Bueno si, admito, es algo delicioso, el momento en el que se humedece toda la cara y los labios pueden deslizarse con mayor facilidad entre los de la otra persona es delicioso, y parece como si fuera una sola boca y una sola persona. Pero después del beso qué? Uno está todo mojado, y tiene que caminar quién sabe cuántas cuadras hasta llegar a la casa, todo porque le pareció romántico el beso bajo la lluvia. Y la gripa del otro día, y la sorbedera de mocos, además del regaño de la mamá porque las medias estan todas mojadas “y quién sabe desde qué horas está con la ropa así”. Con suerte, al otro día solamente tiene la nariz roja, mocos líquidos y un recuerdo lindo de treinta segundos de emoción inigualable, pero una hora más de tedio, donde los zapatos sonaban a cada paso porque estaban tan empapados que el agua entraba y salía todo el tiempo.
Además, los besos bajo la lluvia no pueden ser cerca de la casa. Tienen que ser lejos, porque o sino pierden todo su encanto. Entonces la idea de salir a darse un beso cuando está lloviendo no sería para nada romántico si salen del edificio, se dan el beso y vuelven y entran. Además que sería como raro. “Qué se hizo fulanito?” “No, salió un momentico a mojarse”. “Aaa.”
Bueno, y podríamos seguir con ejemplos de lluvia y de mojarse que no son románticos ni siquiera en principio. Darse besos bajo el agua de una ducha también suele ser algo desesperante. No sé por qué, pero el agua rebota en los cuerpos y hace imposible que los ojos de cualquiera de los dos estén abiertos, y la experiencia peliculesca que en principio pareciera tan emocionante, se despeluca cuando comienzan a arder los ojos y el parpadeo sea incesante, y el beso se convierta en algo secundario, pues primero que todo está la salud, y quién va a querer darse besos mientras le da un glaucoma por descuido acuático. Este ejemplo también desromantiza el agua como elemento catalizador de experiencias románticas.
En fin, mojarse no es ni chistoso ni emocionante ni romántico. Es simplemente desesperante. Las únicas ocasiones donde es rico mojarse es en las piscinas, porque uno va a eso, o en los campamentos, porque uno va preparado para eso. Y no se valen los besos en las piscinas (que son deliciosos pero son de latin lover con escapulario en el tobillo) ni los besos en los campamentos bajo la lluvia (porque los campamentos siempre implican estar mugriento y sudoroso, y los besos con sudor son muy salados, además con mugre si no es muy atractivo). En fin, el amor (o sus expresiones) y el agua no van juntos. Bueno, en actividades de primer nivel amoroso.
Ahora, tenemos que volver a cambiar de tema, esta vez a una anécdota, para después anudar todo. Esto es un poco largo, pero les pido paciencia.
Yo había querido ir al Museo de Arte Moderno (en adelante MoMA) desde que llegué. Los primeros días no fui porque quería dejarlo para un momento de calma. Después me dijeron que estaba cerrado pero que el de Queens estaba abierto. Entonces me quedé un rato sin querer ir, porque me imaginaba que el de queens no era tan chévere. No obstante, cuando Camila me mostró sus fotos del mes que estuvo acá, vi una foto donde aparecía ella, su amiga y La Noche estrellada de Van Gogh en el fondo. “Y ese afiche tan lindo? Dónde lo compraron?” “Cómo asi? Si es el MoMA!”. En ese momento, mis ganas de entrar al MoMA eran mayores. Carajo! Si es la noche estrellada de Van Gogh! Quién no querría ver esa pintura! Sería capaz de decir, o no, más bien lo afirmo, que desde ese momento ir al MoMA era expresamente ir a ver la noche estrellada de Van Gogh. Ya había visto en el Metropolitan los nenúfares, el puente y la catedral de Monet, los irises de Van Gogh y un autorretrato, entonces realmente me faltaba la noche estrellada y un musical para poderme montar al avión tranquilo, así fuera en tercera clase y con el ala al lado, pero habiendo estimulado mi corteza visual (V1,V2 y V3 ó 17, 18 y 19) con esas obras maestras del arte occidental.

Figura 2. Si, esta es la noche estrellada.
Bueno. Entonces busqué los horarios gratuitos (o de menor costo) del MoMA, y supe que el viernes entre 4:30 y 7:30 podía entrar y pagar lo que quisiera. Cogí un calendario y establecí una fecha adecuada: Julio 18 de 2003, 4:30pm salgo de la oficina para que no me toque la fila de los líchigos, sino la de los que, además de líchigos, llegan tarde. Esperé pacientemente, y cada vez que pensaba en el MoMA, inmediatamente pensaba en la noche estrellada, casi que me perseguía la imagen, como cuando uno quiere tomarse una cocacola en un día de calor y todas las que venden son al clima, entonces uno sabe que tiene que esperar a conseguir un sitio donde esten frías para disfrutarla más (para llegar a una comprensión absoluta, deben sustituir la cocacola con cualquiera de sus vicios más frecuentes, pero deliciosos-chocolate, cigarrillo, alcohol, etc).
Entonces llegó el 18 de Julio. A las 4pm ya estaba metiéndome a la página del MoMA, viendo las indicaciones para llegar, anotando el nombre del tren y de la estación donde me debía bajar, la parte exacta donde quedaba el museo en relación con la estación, y viendo el mapa que explicaba todo (aquí hay mapas en todo, falta uno en el baño que le expliquen a uno donde queda el lavamanos y el inodoro, y cómo debe pararse frente al inodoro para no regar nada a los lados). Estaba listo. Llevé dos pares de pilas cargadas (uno nunca sabe, estas cámaras digitales son muy raras), mi maletica y veinte dólares (porque típica cobraban la foto frente a la pintura, y uno no quería quedarse sin ella, no?).
Me subí al metro a las 4:45 pm, y a las 5:00pm en punto estaba bajandome de la estación. Extrañamente, todo iba muy bien: no me perdí, cogí los dos trenes (había que hacer cambio de tren) exactamente cuando llegué a las estaciones, y encontré facilísimo el MoMA). Que buen día! Entonces estaba caminando con fuerza, con los pies en ángulo recto con respecto a la pierna, con la pierna en un ángulo de 45° con respecto al piso, y moviéndome con mayor rapidez que de costumbre. Entré al museo y comencé a buscar la entrada a la exposición. Si, el sitio es bastante chiquito, pero esque la noche estrellada no necesita casi espacio, casi que podría ser un cuartico y ya (en este momento de la historia, mi única meta para entrar a aquel lugar y pagar un dólar de contribución era ver la noche estrellada, pedirle a algun japonés o colombiano que me tomara una foto con la ansiada pintura, y salir, sin siquiera buscar alguna otra pintura, entonces no comprendía que el museo era un museo, y que no se llamaba “el museo de la noche estrellada de Van Gogh y nada más”, sino El Museo de Arte Moderno de Nueva York).
Subí las escaleras de dos en dos y llegué a la mesita donde me revisan la maletica. “Señor, puedo tomar fotos sin flash?” “But of course”. Wuju. Perfecto.
(en este momento del cuento, tienen que pasar a la grabadora y buscar “All I wanna do” de Sheryl Crow, ponerla y cantarla un momento, y seguir leyendo, con la música de fondo. Si no la tienen, traten de acordarse “all I wanna do, is have some fun...”)
Seguí caminando con la energía que me caracterizaba en aquel soleado y esplendoroso día, y dos pasos más adelante me di cuenta que no todo en la vida es tan perfecto. Ante mí había un pequeño aviso en una hoja tamaño carta al lado del pendejo que vendía los tiquetes, que decía lo siguiente:
“Van Gogh’s Starry Night is not for exhibition at this moment”
tr: “La noche estrellada de Van Gogh no está siendo exhibida en este momento”
Croe que en ese momento me di cuenta que iba a tener que volver a la dentistería pronto, porque la fuerza con la que apreté mis dientes no fue normal, y creo que asusté al pequeño idiota de los tiquetes mientras templaba tenazmente los músculos de mi frente y pensaba todas las groserías que se me podían ocurrir en ese momento, sin espacios entre ellas, todas de una vez, en inglés y español.
(en este momento quiten la canción)
Pero entonces me di cuenta que el avisito tenía más cosas. Explicaban para dónde se la habían llevado, y que iba a ir de ahí (Viena o algo así) a otro sitio (Australia o algun otro lado) y de ahí a otro sitio (algún otro lugar más lejos aún, como la luna), y que volvía a estar en exhibición en Noviembre del 2004.
Ah bueno. Entonces lo único que tenemos que hacer es entrar, mirar la estúpida exposición del bendito museo que queda bien lejos como para devolverse, para ver si aunque sea había otro cuadro que valiera la pena. Pagué al imbécil ese (no sé por qué le echo la culpa al pobre hombre, pero cuando leí el aviso se me hizo completamente responsable en medio de su inocencia) y entré. No había nada interesante (les recuerdo que el MoMA original esta en remodelación, y que esto es una pinche bodega con dos que tres pinturas cualquiera, y ahora SIN la noche estrellada), solamente el imperio de la luz de Magritte, entonces me quedé tres minutos más de los esperados en el lugar y me fui. Compré postales (bueno, aunque sea una de Duchenne electrocutándose la cara para hacer caras raras) y sali. Llegué a la oficina y les conté la farsa y se rieron, y comencé a pensar que las cosas podrían ser peores. Hablé por messenger con Adriana y me calmé, pero después salí en bicicleta de la oficina, y comencé a sentir que tenía una nube personal, que lo único que faltaba era que comenzara a llover, y que me lloviera hasta la casa. Comencé a meterme en un video absurdo durante unas cuadras, donde me imaginaba que en la mitad de este verano iba a empezar a llover torrencialmente y me iba a mojar hasta que mis pantalones parecieran de cuero, que iba a llegar a mi casa e iba a tener que cambiarme, secar los zapatos, y sin siquiera haberme dado un beso con nadie (tampoco sería mi intención porque Adriana no está, aclaro) como para justificar el hecho. Estaba tan metido en el video que el sol se apagó un poco y comencé a ver nubes. Y me dije a mi mismo “todo podría ser peor, mire que es verano y sería imposible que llueva hasta su casa, siempre a esta hora el atardecer es un espectáculo por la ciclorruta de la costa, y el río se ve maravilloso”. Entonces me tranquilicé.
Y cayó una gota, y cayó otra, y comenzó a caer el aguacero más absurdo que he presenciado en esta ciudad, y todavía me faltaban 45 minutos de viaje para llegar a la casa, y me daba pereza devolverme a la oficina que estaba como a 10 minutos. Como me había envideado previamente, me mojé hasta que mis pantalones parecían de cuero, llegué a la casa y tuve que cambiarme (no sin estar cerca de que me atropellaran cinco gringos estúpidos),tuve que quitarme los zapatos para dejarlos secando, y sin siquiera haberme dado un beso con nadie (tampoco era mi intención porque Adriana no está, aclaro) como para justificar el hecho.
Y todavía dicen que la lluvia, mojarse y todo lo relacionado es romántico. Si hay algo relacionado a ello, es el peligro. Casi me matan esos imbéciles por el afán que tenían de llegar a sus casas, porque su carro se mojaba, mientras yo estaba como un pobre idiota en la mitad de la lluvia, y el que se mojaba no era el carro ni el motor ni la cabeza, sino todo yo, todo mi yo. Maldita sea.
Después de toda esa preocupación tengo que decir que no todo siguió asi. “El negro panorama se fue aclarando lentamente”, como diría alguien, y el sábado me levanté para lavar la ropa blanca, y volví a la casa y me di cuenta que Salas estaba tratando de arreglar su cuarto. Claramente, este día me iba a quedar todo el día ayudándole, porque además de arreglar el cuarto podía limpiar las ventanas, tema que puede ser mi obsesión (para mayor profundidad al respecto, léase La Insoportable Levedad del Ser). Desde las 10am hasta las 5pm estuvimos corriendo mesas, aspirando, lavando y limpiando ventanas (por dentro y por fuera) y oyendo salsa y después David Bowie, que rápidamente cambié por las BBC sessions de Led Zeppelin. Comimos en el techo de la casa (desde donde se ven el Empire State y el Chrysler) y listo. Fue un día que, apenada por todo lo sucedido el día anterior, mi vida me regaló para que no muriera de tristeza.
En la mitad de la comida en el techo con los amigos de Salas, entró el tema de la comida y la nutrición, y uno de ellos dijo que toda la comida de este país engorda, hasta tal punto que “burgers are good for you”. Me gustó la frase y la dejé como el lema de la incoherencia estadounidense, de la búsqueda por la salud y el hallazgo de ella en lo menos esperado, porque ya todo es hormonizado y genetizado, y lo tradicional fue lo que terminó siendo lo más saludable. Que viva la Cocacola y las hamburguesas.
Pd: la foto del principio no tiene nada que ver, dejen de ser ilusos. Y lo de la etología es un buen ejemplo, ilustrativo si al caso, pero tampoco está relacionado con el resto. Perdonen no cumplir con la promesa de la hilación, pero estamos en el discurso posmoderno, donde la coherencia es solo opcional. Esa es mi excusa hoy.